Tiempo para leer.

¡Hola!

¿Has estado muy ocupado/a esta semana? Si la respuesta es un sí, me alegro de que hayas podido sacar un hueco en este domingo para leer la entrada. Si estás leyendo otro día, tampoco te culpo. Estamos hasta arriba. Y si la respuesta es que no, simplemente te felicito.

Yo he andado liada. Por no decirte que he tenido el tiempo justito para respirar. Y ese es el tema principal de la entrada de hoy. No, mis tareas pendientes no. El tiempo.

Porque cuando le dedicas tiempo a algo, obligatoriamente se lo estás quitando a otra actividad. Esto es así. Los días dan para lo que dan. Y entre las obligaciones, el sacrificio se lo lleva la lectura. Hace unas semanas te contaba en este post que ya no escribo, pero es que ahora tampoco leo.

El problema es que tengo una lectura actual a medias. Ahí, esperando a mi estantería a que me digne a cogerla. Y para mí, que en cuanto paso dos días desenganchada de la historia ya me pierdo, es una cuestión de riesgo.

Hablemos de esto, ¿no?

Leer deprisa o leer despacio.

Hay muchos tipos de lectores. Pero hay una dicotomía básica: los que leen deprisa y los que leen despacio. Hay lectores que leen como churros, un libro tras otro sin descanso. Y después están aquellos que van tirando con el mismo hasta que se acaba el mes.

Toda mi vida he sido de las primeras. Ya pudiera estar en una situación difícil, que era capaz de seguir leyendo a pleno rendimiento. Pero claro, la carga de trabajo se ha ido intensificando. Y cuando no se puede, no se puede.

Pero es que tengo un problema que juega en contra de los libros. Si dejo la lectura a la mitad y la voy retomando lentamente, con alta probabilidad se llevará una baja puntuación. Ya puede ser el mejor libro del mundo. Es injusto, lo sé, pero no puedo hacer otra cosa. De hecho, muy pocos se han salvado de esto.

La cuestión es que hay libros que tienen que leerse despacio. Hay que dedicarles un tiempo, procesarlos. Es un error darse un maratón de lectura con ellos. Pues ahí estoy yo para dármelo, aun sabiendo que me equivoco. Veo el muro y me estrello contra él.

Hay que aceptarse como uno es. Si hay que volver a empezarse el libro se hace. Y si hay que parar de leer, también. Hay ciertas cosas que hay que sacrificar, y cada uno elige la suya.

Personalmente, valoro muchísimo a las personas que son capaces de leer ‘a trozos’ y disfruta así de la lectura. Creo que, de alguna manera, tienen la ventaja de poder conciliarlo con mayor facilidad. Y suelen ser menos exigentes con las peticiones, porque el disfrute les dura más.

En relación a esto…

Qué efímero es el arte.

Cuando se publicó la última novela de Juan Gómez Jurado, comentó en sus redes una anécdota. Y es que el mismo día o el siguiente de la publicación, se había cruzado con una persona por la calle que le pedía el siguiente.

Soy de estas personas. Me declaro culpable. Leo el libro en cuanto sale con la expectación por las nubes, y me lío a buscar cuándo se publica el siguiente. Voy a ser más específica: era de esas personas.

Estoy intentando frenarlo, porque he ido viendo la misma opinión en todos los creadores de contenido o artistas. No solo los autores se sienten un poco agobiados con esto, sino también los youtubers, por ejemplo. Hay que estar todo el tiempo presente, porque si no, parece que ya no estás. Pero claro, detrás de los libros, de los vídeos o derivados, hay personas que tienen su vida. Y, por ejemplo, un libro tarda meses en producirse de manera general. Escritura, corrección, edición… No va a publicarse a las dos semanas porque lo desees mucho.

Es por esto que te decía que las personas que leen a un ritmo más tranquilo son menos exigentes. Hay más tiempo para procesar la obra, el disfrute es más duradero.

Por redes sociales también leí una reflexión sobre que es complicado ver cómo tu obra queda en el olvido al poco tiempo. O como parece que las novedades literarias es lo único que existe y lo único que se puede leer. Es obvio que no es cierto, pero sí que existe cierta corriente de la que te desvías un poco si lees o haces algo que tuvo su momento álgido hace unos meses.

Quizás todos debemos parar un poco el ritmo, y no solo hablo de la lectura. Porque es demasiado injusto que las obras tengan una fecha de caducidad, y que además esta esté muy próxima a la de lanzamiento.

No es un sentimiento general. Soy consciente de que a muchas personas la fecha de publicación les da igual. Pero sí que quería reflexionar sobre esto en la web a raíz del tema principal de hoy: el tiempo.

Me gustaría que me contases tu opinión. Y también qué tipo de lectora/a eres: los de libros en 24 horas o en una semana. Puedes hacerlo a través de todas mis redes sociales. Tienes el link en los iconos inferiores.

Por aquí es todo, así que nos leemos el domingo que viene con otra entrada. ¡Hasta pronto!

1 comentario en “Tiempo para leer.”

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